Muertalia

Émulo del famoso hombre casado y pobre de Quevedo, excepción hecha del milagro, que no logró, a Miguelito Garrido comenzaron a lloverle incomodidades a partir de la muerte de su madre, cuando él sólo contaba con seis años de edad. Incomodidades que le cogieron cariño y ya no le abandonarían jamás. Pudiendo ser de los primeros, en la parrilla de salida de la vida, las disparatadas circunstancias familiares le colocaron en un angosto y profundo callejón, del que no lograría ya evadirse, pese a su juvenil rebeldía y a sus ímprobos esfuerzos. Mal transplantado de Ilvira a Stricta, capital de Panderetia, vióse forzado, más tarde, a emigrar a Uropa, de donde se repatriaría, a destiempo y malca-sado, a Estepay (antes Panderetia).

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